Esto fue un aporte hecho por Josue, un amigo, dentro del contexto de un semi-debate que se realizo en una conversacion con algunos amigos. Por su extension parece tedioso a la vista, pero su lectura vale la pena. Lo encuentran aqui. Para su consideracion.
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Pablo Santomauro
Francamente, espero que no. No me imagino a Cristo en su Segunda Venida ofreciendo la otra mejilla a sus enemigos, desfilando pancarta en mano con un eslogan pacifista y practicando la resistencia pacífica sentándose en medio del camino delante de los tanques de guerra del enemigo. Tal posición doctrinal puesta en práctica por Jesucristo chocaría de frente con pasajes proféticos relacionados con la Segunda venida de Cristo, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
Pasajes tales como el de Isaías 63:1-6, donde Jehová hollará a los pueblos y derramará en tierra su sangre en el día de la venganza de Jehová, y los homónimos en Apocalipsis 14:19-20 y 19:11-16, que describen a Cristo masacrando a sus enemigos en el día del Juicio, no tendrían ningún sentido si Jesucristo fuera un pacifista. Estos pasajes son tan gráficos que es imposible interpretarlos como que Jesús está en contra de la violencia para efectuar justicia. Este es un tremendo problema para los cristianos pacifistas, los que para neutralizar la fuerza de estos pasajes han intentado de todo, sólo les ha faltado bailar un paso doble alrededor del texto.
¿Era Jesús un pacifista? Muchos son los que durante la historia han formado una imagen femenizada de Jesucristo. Lejos de presentarlo como el hombre por excelencia que fue, directo, confrontacional, intolerante para con los transgresores, magnánimo para con los arrepentidos, la misma encarnación de la verdad y el amor de Dios, estos románticos neutralizaron la persona de Jesucristo. Es por ello que muchos lo conciben con la apariencia de un gurú de túnica estilo Hare Krishna, florecillas entrelazadas en su cabello, caminado en punta de pie entre los tulipanes y soplando besitos a la multitud. Y por supuesto, un Jesús así, no podía ser otra cosa más que un pacifista que no mata ni una mosca, una especie de Gandhi sin los elegantes pañales ni la chiva surtidora de leche que lo acompañaban (con la aclaración de que Gandhi sí mató a su esposa cuando no permitió que se le dieran antibióticos que pudieron salvarle la vida, pero cuando se trató de salvar su propia vida no tuvo problemas en tomar medicamentos y aceptar una cirugía de la “corrupta medicina occidental.” [1]).
Más de un líder pacifista ha reclamado ser un seguidor de Jesucristo, y en la actualidad muchos se sorprenderían de saber cuán alto porcentaje de cristianos defienden el pacifismo desde un punto de vista bíblico. No me refiero a denominaciones que han practicado el pacifismo por siglos, tales como menonitas, moravos, cuáqueros, etc., sino al gran número de cristianos que se declaran pacifistas en forma individual dentro de las iglesias de corte evangélico-protestante. ¿Tendrán razón? Si Jesucristo predicó el pacifismo y considerando que los cristianos somos llamados a ser imitadores de Cristo (1 Cor. 11:1; 1 Tes. 1:6), es obvio que todos los que creemos en Cristo deberíamos declararnos contra todo tipo de guerra, no participar en actividades o empleos que tengan que ver con las fuerzas armadas y la industria armamentista, y practicar una militancia pro-pacifista activa contra el gobierno, sobre todo hoy que se libra una guerra contra el terrorismo en varios frentes y tropas estadounidenses libran combates en territorio extranjero.
Al leer los evangelios y la Biblia en general, nuestros ojos puestos en Cristo, de quien debemos seguir sus pisadas (1 Pe. 22:21), a primera vista notaremos que ni Jesús ni sus apóstoles trataron directamente con temas abstractos modernos tal como el aspecto moral de la guerra, armas nucleares, desarme unilateral, política internacional y nacional, contaminación ambiental, calentamiento global, etc.
¿Nos dejó el Espíritu Santo, Biblia mediante, sin una guía en estos tópicos? Si fuera así, las Escrituras no podrían reclamar ser una norma de fe y práctica para todas las cosas de la vida (2 Tim. 3:16; 2 Pe. 1:3) y los cristianos no seríamos completos en Cristo (Col. 2:9).
En ningún pasaje hay respuestas directas a preguntas tales como, ¿Cuál es nuestra responsabilidad frente a una guerra? ¿Debe una nación ir a la guerra? ¿Es justificado el uso de la fuerza? Es obvio que la única forma de obtener respuestas a algunos de estos temas, es hacer deducciones por inferencia lógica. Esto consiste en deducir qué hubiera dicho Jesucristo si estas preguntas le hubieren sido formuladas. Por lo tanto, procedamos a extraer las inferencias lógicas de sus sermones y de la forma en que él resolvió los problemas durante sus días acá en la tierra.
1) ¿Acaso Jesús, en algún momento de su ministerio propuso a los gobiernos de Roma o Israel el desarme? ¿Alguna vez condenó el justo uso de la fuerza enseñado en el Antiguo Testamento? El Señor nunca condenó a las fuerzas del orden por usar la fuerza para castigar a los criminales. Jamás predicó contra el hecho de que las naciones tuvieran un ejército o una fuerza policíaca. ¿Qué podemos inferir de este silencio de Jesús? Por si alguien reclama que esto es un argumento desde el silencio, debemos aclarar que no es así, ya que el Antiguo Testamento enseña y aprueba claramente el uso justo de la fuerza. La única inferencia extraíble de lo anterior, es que el silencio de Jesús aprueba el uso de la fuerza establecido en el Antiguo Testamento.
2) Cuando Jesús trató con los soldados romanos o judíos, nunca les ordenó dejar el servicio militar o les indicó que era contra la moral el ser soldados (Mat. 8:5-13; Luc. 6:15). Si Jesús hubiera sido un pacifista y se hubiera opuesto al uso de la violencia totalmente, jamás se hubiera abstenido de reprender a los militares, y créanme, Jesús nunca dejó pasar por alto los pecados en las vidas de aquellos que estuvieron frente a El. Siempre denunció el pecado en cualquier lugar y en cualquier persona que tuvo frente a sí.
3) En Mateo 24:6-7, Jesús claramente declaró que las guerras continuarían siendo parte de la experiencia humana hasta el fin de los tiempos. Esta hubiera sido una excelente oportunidad, de ser Cristo un pacifista, para condenar todas las guerras. Jesús no lo hizo.
4) Jesús habló con aprobación del señor (rey o magistrado) que hizo guerra (justa) contra los labradores malvados y los mató, en Mateo 21: 33-41. Si bien Jesús no estaba tratando con el tema de la guerra per sé, el uso del modelo de guerra justa en esta parábola, se justifica solamente si Jesús aprobaba el concepto antiguo testamentario del uso justo de la fuerza.
5) Algo similar podemos notar en Lucas 14, cuando en el contexto del discipulado y sus connotaciones, Cristo usa la ilustración del rey que marcha a la guerra contra otro rey pero primero se detiene a considerar si puede enfrentarse contra un rival que lo dobla en número de combatientes. ¿Por qué razón un Jesucristo pacifista usaría una ilustración de dos ejércitos a punto de entrar en batalla y más aún cuando está enseñando en el tema de llevar la cruz? Un Jesucristo pacifista hubiera evitado por todos los medios usar ilustraciones relacionadas con la guerra.
6) Dicen algunos: “Si Jesucristo no fue un pacifista, ¿por qué no incitó a los judíos a levantarse en rebelión contra el poder romano? Jesús nunca llamó a los judíos a derrocar a las fuerzas de ocupación de Roma. ¿No infiere esto que Cristo fue un pacifista?” Respuesta: La deducción es incorrecta. Una cosa es ir a la guerra y otra cometer suicidio. Teniendo en cuenta la balanza del poder inclinada tan marcadamente en favor de las fuerzas de ocupación de Roma, incitar a los judíos a rebelarse hubiera sido equivalente a llamarlos al suicidio. No, Cristo no llamó a los judíos a resistir a Roma, como tampoco hubiera favorecido la resistencia fanática de los zelotes en Masada. Pero esto no significa que Jesucristo predicó el pacifismo, simplemente significa que siguiendo el sentido común, el uso de la fuerza en el contexto de la resistencia justa sólo se debe hacer cuando las condiciones políticas y militares son apropiadas.
7) ¿Recuerda el lector cuando Jesús estuvo frente a Pilato (Luc. 23:1-5)? ¿No fue acusado Cristo de conspirar instigando al pueblo judío a levantarse contra los romanos? ¡Por supuesto que sí fue acusado de eso! Claro que la acusación fue falsa, pero mi punto es que si Jesucristo hubiera predicado el pacifismo, tal acusación jamás pudo haber sido formulada.
8.) “El que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene espada, venda su capa y compre una (Luke 22:36).” Estas palabras de Jesucristo a sus discípulos nunca podrían haber sido dichas por un Jesús que predicaba el pacifismo. El famoso comentarista bíblico James Vernon McGee comentaba sobre esa pasaje:
“Si en el día de hoy ustedes van a salir por el Señor y dar su evangelio, será mejor que preparen sus valijas y lleven sus travelers cheques. También les conviene prepararse para protegerse uds. y sus seres queridos. Vivimos en días difíciles. El Señor también dio el mandamiento de comprar una espada. ¿Para qué? Para autoprotección, por supuesto. Ellos vivían en días que la espada era necesaria. Nosotros hoy debemos reconocer esta verdad también. Si no resistimos la maldad hoy, toda clase de maldad caerá sobre nosotros. Podríamos terminar en un hospital o viendo como matan a un ser querido.” Y a continuación comenta en el siguiente verso (Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta [es suficiente]). En otras palabras: No necesitan exagerar en esto y convertir sus casas en cuarteles, pero sí necesitan estar preparados para defenderse.”
Mathew Henry, el legendario comentarista bíblico escribió: “Los galileos generalmente viajaban con espadas. Cristo no cargaba una, pero no estuvo en contra de que sus discípulos las llevaran.”
Es obvio que un Jesús predicador del pacifismo jamás hubiera permitido a sus discípulos cargar espada.
Los pacifistas argumentan, además, que el hecho de que Jesús ordenó a Pedro guardar su espada en la vaina (Jn. 18:11) luego que éste cortó la oreja del siervo llamado Malco (Jn. 18:10), es prueba de que Jesús predicaba el pacifismo. Respuesta: Jesucristo ordenó a Pedro guardar su espada, no deshacerse de ella. Es obvio que continuar en posesión de ella fue permitido por Jesús.
El objetivo de Jesús al detener a Pedro fue permitir que el plan de salvación continuara sin ser obstaculizado (Mat. 26:54; Jn. 18:11b). Cuando la fuerza es usada para interrumpir o demorar el plan o la revelación de Dios, la violencia es injustificada. No sólo es injustificada sino que conducirá a mayor violencia. Por ello es que Jesús dijo a Pedro: “Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán (Mat.26:52).” Este no es en ninguna manera un pasaje pacifista; lo sabemos porque en el verso siguiente, Jesús expresa que si él quisiera, legiones de ángeles vendrían a defenderlo. Esto implica que el uso de la fuerza puede ser legítimo en ciertos casos. Si el uso de la fuerza en defensa propia es algo inherentemente malo, Jesús jamás podría haber dicho eso.
La misma respuesta es válida para algunos pacifistas que enarbolan las palabras de Jesucristo en Juan 18:36: “Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de este mundo.” Es claro que Jesús aquí explica que si su iglesia fuera un reino terrenal, sería perfectamente válido que Sus discípulos pelearan por El. En otras palabras, si bien Jesús prohibe a la iglesia como institución usar la fuerza física en su disciplina o defensa, es obvio que Jesús entiende que un reino terrenal puede y debe usar fuerza cuando es necesaria.
9) Cuando sus enemigos trataban de capturarlo, Jesús hizo uso de la fuerza para demostrar que nadie podía quitarle la vida (Juan 10:17,18). El Señor empleó su poder en forma física cuando tiró por tierra a los que venían a apresarlo (Juan 18:1-6). El hecho de que la fuerza aplicada tuvo un origen sobrenatural no disminuye la verdad de que su efecto fue de naturaleza física. Si el Hijo de Dios usó fuerza para su defensa personal, deducimos que la guerra defensiva y preventiva, lo que San Agustín llamó Guerra Justa, no puede ser inherentemente mala.
10) Al igual que Juan el Bautista, quien entre las instrucciones a los soldados que vinieron a bautizarse no incluyó el mandamiento de abandonar el ejército, Jesús tampoco recriminó al centurión romano por ser un soldado. Al contrario, exaltó su fe y sanó a su siervo (Mat. 8:5-13; Luc. 7:1-10). Si la guerra justa y todo lo que tiene que ver con los militares son cosas tan inmorales y anticristianas, tanto Jesús como Juan el Bautista, al callar, fueron culpables de inmoralidad. Lo que hicieron fue equivalente a no instruir a las prostitutas a que no vendan más sus cuerpos o no decirle al ladrón que no robe más. La analogía demuestra que las actividades militares legítimas, la defensa propia o de una nación, las guerras justas y la participación de los cristianos individuales en estas cosas, no son prohibidas.
Conclusión: Jesucristo no fue el pacifista por excelencia que reclaman algunos cristianos. Por el contrario, las inferencias bíblicas tienden a presentar a Jesucristo apoyando la legitimidad de la guerra justa.